Maistrito... sólo un Don nadie,
marchas, huelgas y jaleos.
Un flojo que sólo quiere
Así me dijo mi padre,
y yo que mucho lo quiero,
bajé la frente y salí
diciéndole... estoy de acuerdo,
yo seré lo que usted diga,
en verdad... se lo prometo,
pero ya no esté enojado,
pues le hace daño... y me apeno.
"Salí a la calle, vagué
por las calles y los huertos,
por el jardín, la placita,
por la iglesia y el colegio...
Miré a los peones cansados,
sudorosos, sin aliento,
poniendo sobre un papel
sólo la huella del dedo,
vi a las mujeres descalzas
cargando leña del cerro,
vi a los niños, muchos niños
jugar en los basureros.
Recogí desesperado
a esa gente de mi pueblo,
a esas gentes sin fortuna
sin redención, sin consuelo,
los metí en mi corazón,
en mi entraña, en mi cerebro,
les di patria en mi conciencia
y me confundí con ellos.
Allí frente aquellos niños,
frente a esos enfermos,
pensé que eran angelitos despreciados por el cielo.
Miré que no tenían alas,
los miré casi sin cuerpo,
ángeles sin un hogar,
sin Dios y sin consuelo.
Y pensé... si me aferrara
a ser licenciado o médico
contador, conferencista,
sacerdote o ingeniero,
¿Cómo podría despertar
la conciencia de mi pueblo?
¿Qué les favorecería
que yo lograra alto empleo
si ni justicia, ni amor,
ni palabras de consuelo
podría darles y ofrecerles
para calmar su tormento?
Entonces volví a mi hogar,
todo lo tenía resuelto,
llamé a mi padre y le dije:
Yo a usted mucho lo respeto...
Comprendo sus sacrificios,
sé de sus ansias y sus sueños,
pero hoy... quiero que me escuche
por favor, sólo un... sólo un momento:
Si quiere que sea feliz
y desea que sirva al pueblo,
si quiere que colabore
para mejorar a México,
si usted quiere que mi vida
la dedique a lo que quiero,
luchando por la igualdad,
por la ciencia y el progreso...
Deje que yo tenga
la profesión con que sueño,
deje que yo sea feliz
con mis niños sin colegio.
Deje que mi vocación
se torne clase y recreo,
que sea lección de cariño,
que sea canto, que sea verso,
que pueda yo ser lucero
con la luz del alfabeto,
que pueda ser manantial,
que sacie la sed del pueblo.
Déjeme sufrir... luchar,
déjeme vivir con ellos,
para lograr educarlos,
para construir un colegio,
déjeme... que luche...
Déme permiso, le ruego,
para sembrar esperanzas,
para apuntalar anhelos,
deje que forme una escuela,
escuela a los cuatro vientos,
escuela de libertades
donde haya luz y contento.
Déme permiso papá...
que sea un maistrito de pueblo,
que marque programas justos,
que trace caminos nuevos,
deje que siembre la mies,
deje que se propicie el vuelo
de esa águila que parece
no tener alas ni aliento.
Deje que escuche mi voz
el militar, el gobierno,
el sacerdote, el artista,
el paria y el jornalero.
Si ya mi hermano es doctor,
y el mayor ya es arquitecto
¿por qué no me permite usted
que yo me torne maestro;
si ellos en su ingratitud, ya han formado un mundo nuevo,
de explotación, de egoísmo,
de lujos y de dinero?
Si de usted se han olvidado,
si ya no vienen al pueblo,
y en su situación burguesa,
gratitud y amor han muerto,
si ellos saben que aquí, en casa
hay pobreza y hay apremios,
porque ni por caridad,
lo atienden cuando está enfermo...
Mi padre quedó pensando,
silencio guardó un momento,
luego... me abrazó y me dijo.
Sí, muchacho... te comprendo
véte a luchar, hijo mío.
Yo esperaré tu regreso,
sabiendo que traerás cosas
logradas con Fe y Empeño.
Cuando vuelvas, hijo mío
vamos a estar muy contentos,
y se llenará la casa,
con tu amor y tus pequeños,
si aquí no me encuentras ya,
sé que tendrás el consuelo
de regresar a tu pueblo,
yo sé que vendrás a verme,
y querrás con toda tu alma,
enseñarme el alfabeto.
Mas si aquí no me encontraras,
ve a buscarme al campo santo,
y allí solitos los dos
envueltos en el silencio,
me dirás de tus afanes,
de tus luchas y proyectos,
de tus sencillas tareas
de tu honor y de tus éxitos.
No me traigas flores, hijo,
yo sé que no las merezco,
ni cruz, ni ceras, ni nada,
sólo quiero tu recuerdo.
Anda, hijo mío... véte, véte ya,
México espera tu esfuerzo,
te espera el hombre ignorante
y los niños macilentos,
yo aquí me quedo esperando
con orgullo verdadero,
porque sé que cumplirás
ser prestigiado maestro.
Anda hijo mío... véte ya,
que si de momento muero,
con orgullo gritaré:
MI HIJO....
¡ES MAISTRITO DE PUEBLO!